29.6.26

LAS PUERTAS QUE YA NO SABEMOS ATRAVESAR

LAS CUATRO PUERTA DE LA CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA

Los símbolos perdidos de Compostela se ocultan cada día un poco más.

VER: Los símbolos perdidos de Compostela

No porque desaparezcan las piedras, sino porque olvidamos el lenguaje con el que fueron colocadas. Así ocurre cuando las puertas de la Catedral se presentan como simples accesos alternativos: una entrada principal y otras dos laterales más frecuentadas.
Pero sus puertas no son intercambiables. Cada una tiene una orientación, un destinatario y una función dentro del rito de paso. No son únicamente entradas y salidas: son umbrales.
Al sur está Platerías: la puerta de la ciudad.
Se abre hacia la plaza que durante siglos funcionó como gran espacio cívico, comercial y representativo de Compostela. Era la puerta de sus ciudadanos, de la comunidad urbana reunida alrededor de la Catedral.
Al norte está la Azabachería: la puerta de los peregrinos.
Hacia ella conduce el Camino Francés cuando alcanza finalmente el templo. El peregrino entraba por el norte después de abandonar su tierra y atravesar territorios desconocidos. No era una entrada más: era el final arquitectónico del Camino.
Llegar a Compostela no consistía solamente en contemplar la Catedral. Había que atravesarla.
Al este está la Puerta Santa de la Quintana: la puerta jubilar.
Permanece cerrada durante los años ordinarios porque no pertenece al tiempo cotidiano. Se abre en los años santos para permitir el tránsito jubilar hacia la reconciliación, el perdón y la renovación espiritual.
Precisamente su apertura excepcional explica su significado. No es una puerta destinada a facilitar la circulación, sino a introducir al peregrino en un tiempo diferente.
Al oeste está el Obradoiro: la puerta del regreso al mundo.
Después de completar el itinerario interior, el fiel atravesaba el Pórtico de la Gloria y regresaba al exterior. No debía salir como había entrado. El Camino, el encuentro con el santuario y el rito de purificación y fraternidad debían haberlo transformado.
El Pórtico de la Gloria no fue concebido para ser observado desde una cola turística. Era el gran umbral final: la representación pétrea de la Gloria ante la cual el peregrino comprendía el sentido de su viaje.
Este es el sistema que desaparece cuando hablamos únicamente de tres puertas para acceder a la Catedral. En realidad, estamos ante cuatro orientaciones y cuatro significados:
Platerías recibe a la ciudad.
La Azabachería recibe al peregrino.
La Quintana abre el tiempo jubilar.
El Obradoiro devuelve al fiel transformado al mundo.
Lo más preocupante es que hoy la propia Iglesia contribuye a borrar esta lectura. La organización de los accesos, las colas, los controles y los recorridos turísticos ha convertido los umbrales rituales en simples dispositivos de circulación. Entrar por una puerta u otra parece depender únicamente del horario, la seguridad o la gestión de visitantes.
Pero una catedral no es una terminal. Y una puerta sagrada no es solo un hueco abierto en un muro.
Compostela fue concebida para ser recorrida, atravesada y comprendida. Sus puertas explicaban quién llegaba, desde dónde lo hacía, qué transformación buscaba y cómo debía regresar al mundo.
Estudiar la escultura de los portales sin explicar el rito que ordenaba su uso es describir las palabras olvidando la frase. La arquitectura deja entonces de ser un lenguaje y se convierte en una colección de objetos artísticos.
Las puertas todavía permanecen en su lugar. Lo que estamos perdiendo es la memoria de cómo atravesarlas.

© Carlos Sánchez-Montaña. 2025.

1.6.26

Estación Cultural @Lugo

Unha proposta aberta para rehabilitar a antiga estación como novo nodo público de cultura, comunidade e comunicación, en diálogo directo co Vello Cárcere.

Como lucense e como arquitecto, presento esta proposta movido por unha convicción moi sinxela: a antiga estación de autobuses de Lugo non é un baleiro sen memoria, senón unha peza urbana de grande valor, situada nun punto decisivo da cidade e con capacidade para ofrecer unha nova vida pública ao servizo de todos.

A miña intención non nace dun interese particular, senón do afecto fondo por Lugo e do desexo de contribuír, desde a miña experiencia profesional, a que a cidade tome unha boa decisión sobre un dos seus lugares máis sensibles.

Creo que, antes de derrubar, simplificar ou fragmentar, Lugo debe estudar con rigor a posibilidade de reutilizar intelixentemente este edificio, activar a súa gran dársena como espazo cidadán e pensar o conxunto con ambición cultural, urbana e patrimonial.

Presento EC@L como unha base de reflexión e diálogo, aberta á participación e ao contraste, porque estou convencido de que aquí non está en xogo só o futuro dun edificio, senón unha auténtica decisión de cidade.


A Estación Cultural @Lugo pode ser unha gran peza pública contemporánea, en diálogo directo con O Vello Cárcere, capaz de formar un auténtico conxunto cultural multidisciplinar para a cidade do século XXI.



O Vello Cárcere xa ten unha vocación clara como espazo cultural e cidadán. A oportunidade está, precisamente, en non duplicalo, senón en complementalo. É dicir: facer da antiga estación a gran infraestrutura flexible que lle falta a Lugo para ampliar a escala, a diversidade e a intensidade da súa vida cultural.



© Carlos Sánchez-Montaña - 2026
Arquitecto



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2.3.26

O fío da Brétema


Autor: Carlos Sánchez-Montaña

O fío da Brétema é unha novela ensaística e iniciática en Galicia, onde a viaxe exterior é tamén unha viaxe de coñecemento, identidade e método.

Más información:
Iria, estudante de Historia, sente que o relato que lle ensinaron non encaixa co territorio que pisa. Entre a universidade, o arquivo, a cidade, o mercado e as casas abandonadas do rural, comeza unha epopea contemporánea guiada por unha pregunta esencial: que pasa cando o país real non coincide co país contado?
A través dunha serie de xanelas —cada unha un limiar, unha proba, unha revelación— Iria aprende a mirar Galicia como un texto estratificado: a lingua como herdanza viva, a terra como estrutura, a cidade como xeometría defensiva, a emigración como ferida recorrente, e a brétema non como ocultación, senón como ferramenta de lectura. Acompañada pola figura discreta de Breogán, sombra que abre portas sen impoñerse, Iria descobre que coñecer non é repetir, senón relacionar, medir, comprobar e asumir posición.
Este libro mestura narración literaria, reflexión histórica e mirada territorial para propoñer algo pouco habitual: unha epopea sen heroísmos grandilocuentes, onde o verdadeiro acto épico é aprender a ver. Galicia aparece aquí non como paisaxe decorativa nin como mito inmóbil, senón como país complexo, vivo e cheo de trazas que esperan ser lidas.
O fío da Brétema é unha historia sobre identidade sen consignas, sobre pensamento sen trincheiras e sobre a valentía tranquila de quen decide non aceptar relatos herdados sen contrastalos coa realidade.
Un libro para lectoras e lectores que senten que algo esencial segue aí, entre a néboa, agardando ser debuxado.


 

11.2.26

Neuroarquitectura, el nombre nuevo de una verdad antigua. (Vitruvio no ha muerto)

La llamada "neuroarquitectura" no es una moda: es la restitución del sentido original de la Arquitectura, tal como la definió Vitruvio y la iconizó Leonardo.


Las neuronas de nuestro cuerpo procesan la información del entorno que es percibida por nuestros sentidos (piel incluida), ajustando nuestra conducta

Nos dicen "neuroarquitectura" y parece que acabamos de descubrir América. Que por fin la ciencia —la neurología, los escáneres, la medición de estrés, la cognición espacial— viene a confirmar que los edificios influyen en el cerebro, en la emoción, en la memoria, en el comportamiento.

Y sí: lo confirma.

Pero conviene decirlo sin rodeos: eso no es una revolución nueva. Es, más bien, el regreso —tardío— a la definición original de la Arquitectura. La vuelta al oficio tal como lo entendieron los antiguos cuando el arquitecto no era un técnico del objeto, sino un artesano de la armonía.

Lo que hoy llamamos neuroarquitectura no es otra cosa que la Arquitectura en su sentido completo. La que Vitruvio describió hace dos mil años y que la academia moderna fue adelgazando hasta convertirla en un sinónimo de edificación.

Y esa confusión —edificio = arquitectura— es uno de los grandes empobrecimientos culturales de los últimos siglos.

EL ERROR: CONFUNDIR EL OBJETO CON LA FINALIDAD

Un edificio es un objeto. La Arquitectura es una finalidad.

Un edificio puede estar perfectamente resuelto: normativas, instalaciones, estructura, eficiencia, cumplimiento. Y aun así no producir Arquitectura. Del mismo modo que un conjunto de sonidos puede estar técnicamente bien emitido y aun así no ser música: puede ser ruido, saturación, violencia, fatiga.

La academia, con demasiada frecuencia, ha enseñado a fabricar objetos correctos y ha olvidado educar en la pregunta decisiva:

¿Qué provoca este espacio en el ser humano?

¿Ordena o desordena? ¿Serena o tensa? ¿Orienta o confunde? ¿Aísla o vincula? ¿Dignifica o reduce?

En ese punto nace la verdadera diferencia: Edificación: la parte. Arquitectura: el todo.

VITRUVIO YA LO DIJO: ARQUITECTURA ES SABER INTEGRADO

Vitruvio no presenta la arquitectura como una "estética del edificio". La presenta como un saber total, alimentado por muchas disciplinas, capaz de ordenar la materia para producir un efecto humano... y, en su fondo, armonía.

Para Vitruvio, el arquitecto debe entender: el lugar (vientos, humedades, clima, salubridad), el cuerpo (medida, proporción, fatiga, descanso), el sonido (acústica, resonancia, teatro), la geometría como ciencia de la forma, y la cultura como ciencia del sentido.

Es decir: el arquitecto no "hace edificios". compone condiciones de vida.

Eso es exactamente lo que hoy nos venden como neuroarquitectura: el reconocimiento de que el espacio no es neutro, que modela la mente, regula el sistema nervioso, predispone a la calma o al conflicto, sostiene o erosiona la salud.

La diferencia es que ahora lo presentamos con instrumentación moderna. Pero el principio es el mismo.

CEREBRO, CORAZÓN, INTESTINOS, OÍDO, VISTA Y PIEL SON UN SOLO SISTEMA

La experiencia lo ha sabido siempre. Y quien trabaja con sensibilidad lo reconoce sin necesidad de teoría: cuando un lugar es verdaderamente arquitectónico, pasa algo.

El cuerpo cambia.

La respiración se ensancha.

La mirada se posa.

El pensamiento se ordena.

El ánimo se reubica.

Lo que hoy se mide como estrés, atención, orientación o bienestar, el oficio lo ha percibido durante siglos como "atmósfera", "quietud", "dignidad", "presencia", "armonía".

Y aquí aparece una analogía esencial que la cultura entiende de forma inmediata:

La música es ciencia matemática de los sonidos (ritmo, intervalo, proporción).

La arquitectura es ciencia matemática de las figuras (módulo, relación, jerarquía, recorrido).

Ambas trabajan con proporciones. Ambas construyen un orden. Ambas actúan —de manera directa o indirecta— sobre el organismo.

Por eso es tan fácil aceptar la música como arte universal (todo el mundo reconoce lo musical y lo armónico) y tan difícil alcanzar Arquitectura verdadera (porque exige que el orden espacial sea total: técnico, cultural, sensorial y humano).

Del mismo modo que la mayoría de sonidos que recibimos no son música, la mayoría de edificios que se levantan no son Arquitectura.


LA GRAN PÉRDIDA: CUANDO EL MAESTRAJE DESAPARECE

Durante siglos, el saber arquitectónico se transmitió como un oficio completo: maestros y aprendices. No era solo "proyectar", era aprender a ver, a medir, a escuchar, a comprender el lugar, a manejar el umbral, la luz, el silencio, la proporción y el rito.

En algún momento, la institución sustituyó el todo por la parte: la arquitectura quedó reducida a "construcción", a "producto", a "sector", a "mercado", a "objeto normativo".

El resultado está a la vista: espacios que saturan, lugares que enferman, ciudades que fatigan, interiores que aíslan, ruido convertido en paisaje permanente, luz artificial como sustituto de cielo, edificios que no saben ser refugio ni escenario digno.

Y entonces aparece, décadas después, la "neuroarquitectura", como si hubiéramos descubierto que el ser humano tiene un sistema nervioso.

No: lo sabíamos. Lo que pasó es que se dejó de enseñar.

LEONARDO Y EL ICONO: EL CUERPO COMO MEDIDA DEL MUNDO

Leonardo da Vinci dibuja al hombre inscrito en el círculo y el cuadrado y convierte en imagen lo que Vitruvio ya había propuesto: el cuerpo como canon, como medida, como vínculo entre geometría y experiencia.

Ese dibujo se ha convertido en un símbolo cultural porque recuerda una verdad profunda: la forma no es capricho. La proporción no es decoración. El espacio no es neutral.

Cuando el espacio respeta el cuerpo, el cuerpo responde. Cuando el espacio contradice al cuerpo, el cuerpo paga.

Eso es lo que hoy se llama "diseño centrado en el usuario" o "evidencia de impacto en el cerebro".

Vitruvio lo llamaba, sencillamente, Arquitectura.


REIVINDICACIÓN: RECUPERAR EL ORIGEN DEL OFICIO

Reivindico el origen de mi oficio porque ha sido olvidado durante siglos y ahora regresa con otro nombre, como si fuera una novedad.

No quiero una arquitectura que sea solo edificación. Quiero una arquitectura que sea cuidado.

No quiero edificios que cumplan y agoten. Quiero espacios que ordenen.

No quiero ciudades que funcionen como máquinas de estrés. Quiero territorios que funcionen como ecosistemas de salud.

Y aquí hay una verdad incómoda: si hoy alguien explicase a Vitruvio en la plenitud de sus palabras, a menudo sería arrinconado por "idealista", por "poco práctico", por "demasiado humanista".

Pero lo que se llama "práctico" ha fabricado demasiados lugares que no sostienen la vida.

Y lo que se llama "humanista" es lo único que, al final, evita que la técnica se convierta en barbarie.

CONCLUSIÓN: NEUROARQUITECTURA ES ARQUITECTURA (Y PUNTO)

Bienvenida la ciencia, bienvenidas las mediciones, bienvenidos los estudios, bienvenido el lenguaje nuevo si sirve para convencer a quienes solo creen lo que aparece en un "paper".

Pero que quede claro: La neuroarquitectura no inventa nada esencial. Solo está devolviendo a la Arquitectura su definición original: la capacidad de organizar el medio para producir armonía en el ser humano.

Y eso —justamente eso— es lo que hay que recuperar. No como una moda. No como un "campo emergente". Sino como una restitución histórica del oficio: Arquitectura como arte mayor del cuidado.


© Carlos Sánchez-Montaña - 2026


VER: 
¿Qué es arquitectura?
Boceto para escépticos

31.1.26

MANUEL MALLO MALLO, el cantero gallego que hizo posible el bosque de piedra de la nave central de la Sagrada Familia de Barcelona.

MANUEL MALLO EN SU TALLER
Estos días, cuando la prensa mundial vuelve a mirar a la Sagrada Família como símbolo de una obra colectiva y contemporánea, conviene recordar algo esencial: las grandes arquitecturas no existen solo por la visión del autor, sino por la cadena humana que logra traducir esa visión a materia real.

En el corazón del templo —en ese bosque mineral de la nave central— hay un trabajo que no debería permanecer en segundo plano: el de Manuel Mallo Mallo, maestro cantero gallego.
Yo no hablo aquí por oídas. Tuve la suerte de contar con su amistad. Y desde esa cercanía entendí que su aportación no fue “un encargo más”, sino una forma de conocimiento extremadamente rara: la capacidad de llevar a piedra formas que, en su época, aún no podían resolverse con la comodidad del flujo digital que hoy damos por hecho.
Porque las columnas y capiteles de la nave central no son decoraciones. Son estructura, geometría y atmósfera a la vez. Hablamos de piezas complejas, inclinadas, estriadas, con desarrollos hiperbólicos y capiteles elipsoidales que se bifurcan como ramas. Hoy un ordenador lo dibuja, una máquina lo talla y un software lo verifica. Pero en aquellos años, el reto era otro: comprender la forma con la cabeza, resolverla con geometría y sacarla del bloque con oficio.

El taller de Manuel, en Begonte (Lugo), fue durante décadas una especie de laboratorio silencioso. Llegaban maquetas y referencias, y él hacía lo verdaderamente decisivo: traducir la idea al mundo físico mediante dibujos, trazados, plantillas, comprobaciones, correcciones…
Un tipo de “ingeniería de la piedra” donde el error no era un fallo: era una grieta irreversible.
Con el tiempo, la tecnología ha permitido reproducir cualquier superficie con enorme exactitud. Sin embargo, esa misma sofisticación pone en relieve algo que no deberíamos olvidar: sin el saber previo del oficio, la máquina solo ejecuta. La piedra no entiende de marketing ni de titulares; entiende de continuidad, de apoyo, de tensiones, de juntas, de dirección de veta, de lectura del bloque.

Por eso recuperar hoy el nombre de Manuel Mallo no es nostalgia. Es cultura arquitectónica. Es reconocer que Galicia, con su tradición canteril milenaria, está presente en una de las obras más admiradas del mundo, no como anécdota, sino como una de sus costillas esenciales.
Y, sobre todo, es una llamada de atención: si ese conocimiento no se transmite, se pierde. Lo que se extingue no es un “trabajo manual”, sino un tipo de inteligencia completa: ojo, mano, geometría, paciencia, ética.
Manuel Mallo Mallo fue —en el sentido más literal— un maestro cantero de la última gran catedral europea en construcción. Y creo que este es el momento de decirlo alto, con gratitud y con precisión.

© Carlos Sánchez-Montaña. 2025

VER: El cantero de "los pilares de la tierra"

28.12.25

Jesús Año 0. Una serie histórica (sin dogma).


¿Por qué Jesús nace, vive y muere hace dos mil años… y no en cualquier otro momento de la historia humana?

En Jesús Año 0 iremos abriendo, pieza a pieza, las razones históricas: imperio, política, religión, lenguaje, rutas, poder y propaganda.


Jesús Año 0.

Una serie histórica (sin dogma). 

Presentación:




Jesús Año 0.

Una serie histórica (sin dogma). 

Prefacio:




Jesús Año 0.

Una serie histórica (sin dogma). 

Capítulo 1. Nazaret de Galilea:




CANAL youtube:


www.youtube.com/@eltablerodepiedra





© Carlos Sánchez-Montaña 2025


 

11.12.25

Fundación de Lucus Augusti

Recreación de la fundación de Lucus Augusti (Lugo) por mandato de Octavio Augusto. 

"El Bosque Sagrado de Augusto"  Año 12 a.C.

Paulo Fabio Máximo recibió el mandato directo del emperador Octavio Augusto en fundar una nueva ciudad en el territorio de los Copori, recibiendo en Roma el proyecto y todas las instrucciones para su realización.

Paulo Fabio Máximo subió la colina siguiendo a su agrimensor, era verano y el día presumía iba a ser caluroso, al llegar a la cima volvió su mirada al camino recorrido y lo que vio le lleno de gozo, las vistas sobre el valle del río eran espléndidas, se divisaba en dirección oeste un vasto territorio de bosques de robles a lo largo de la ladera de la colina, la madera existente era suficiente para iniciar los primeros trabajos. En dirección contraria, hacia el este, el terreno era más pendiente hasta llegar al valle más cercano por el que transcurren varios regatos, afluentes del río principal del lado oeste.

El lugar escogido era el más alto de la colina cercana a la fuente de aguas termales descubierta en la orilla del río, y desde allí se podía divisar todo el entorno; al norte, por la cresta de la colina, se podía realizar con facilidad el acceso al territorio del norte, y por el sur, en suave pendiente se alcanzaba la confluencia de los ríos cercanos.

Pero antes de iniciar los trabajos de replanteo, Paulo Fabio Máximo tuvo que consultar los auspicios al objeto de asegurarse, mediante signos visibles, de que los dioses no se oponían al establecimiento de una ciudad en el lugar escogido. Los augures le confirmaron los bueno auspicios; en el mismo momento en que un correo de Roma trajo a la expedición la noticia del nombramiento de AUGUSTO como Pontífice Máximo de la religión en el imperio, dos rapaces sobrevolaban el bosque designado para fundar la nueva ciudad.

El agrimensor, un técnico de reputado prestigio en la milicia, había fijado la groma en el punto que sería el centro de la futura ciudad. "El instrumento poseía una mira que le permitió al amanecer haber fijado la salida del sol, lo que le proporcionó el oriente real en la fecha y así determinar la orientación del decumanus; luego pudo fácilmente trazar el cardo, perpendicular al decumanus en el punto central inicialmente fijado.

Sobre los ejes así obtenidos y mediante distancias iguales a partir del cruce se obtenía la superficie de la futura ciudad." Un cuadrado perfecto de 2.160 codos de lado.

Paulo Fabio Máximo "revestido con una toga dispuesta a la antigua usanza, cogió las estevas de un arado de bronce, tirado por una ternera y un toro blancos, y trazó un surco alrededor de la futura urbe, siguiendo la misma línea a lo largo de la cual habrían de levantarse las murallas. En el transcurso de la ceremonia el fundador procuró cuidadosamente que toda la tierra levantada por la reja cayese al interior del recinto, y tras él los asistentes recogieron los terrones que a veces saltaban fuera y los volvían a echar donde el rito establecía. Al llegar al sitio previsto para las puertas, el ejecutante levantaba el arado con el fin de dejar un espacio libre de toda consagración. Cuando el oficiante alcanzó el punto de partida, la ciudad quedó virtualmente fundada."

"El ritual de delimitación del territorio debería ser completado por otros dos, ambos ceremonias de consagración. Uno de ellos estaba dedicado a los dioses infernales. En un lugar situado en el centro de la futura ciudad se excava una fosa circular llamada mundus en la que eran depositadas ofrendas a "Los de Abajo". 

Y un último rito que tenía por objeto colocar a la ciudad futura bajo protección de los dioses de "Lo Alto", y singularmente de una tríada integrada por Júpiter, Juno y Minerva. En el futuro se construiría un templo llamado Capitolio, situado en la parte más alta de la ciudad, en la zona próxima al punto señalado por el agrimensor, desde donde los dioses podrían observar todo lo que iba a ocurrir en la futura urbe."


Según el rito fundacional la ciudad debería de contar con cuatro monolitos, cada uno erigido según los cuatro puntos cardinales y configurando el área urbana

V.C.A.M.

CAESARI

PAVLLVS FABIVS

MAXVMVS

LEGAT CAESARIS

"V(rbis) C(onditori) A(ugusto) M(omumentum) Caesari

Paullus Fabius Maxumus Legat(us) Caesaris"

Esta pieza es la más completa de las tres encontradas en la ciudad

Paulo Fabio Máximo, agradecido a César y satisfecho por la elección de un bosque tan bello para fundar la capital del convento, la consagró bajo quién le había dado orden de fundarla y con el nombre de BOSQUE SAGRADO DE AUGUSTO, y así poner a ésta bajo su protección. Todo lo que albergase los muros de la ciudad también sería consagrado a Augusto, dios protector de la gens imperial reinante. Era el año 12 a.C.

Así quedó escrito para los siglos venideros en los cuatro monolitos fundacionales de la nueva ciudad. Paulo Fabio Máximo, legado del César dedicaba la ciudad a Augusto su fundador y César de Roma.


Existe referencia de piezas de epigráficas que relacionan la ciudad con el emperador y su fundador. Son tres de los cuatro teóricos monolitos fundacionales erigidos por parte de Paulo Fabio Máximo encontrados en la ciudad de Lugo en que los que el fundador de la ciudad dedica esta a Augusto Cesar.

© Carlos Sánchez-Montaña 2007


Fuente bibliográfica: PIERRE GRIMAL "Les Villes Romaines" Vergara Editorial S.A. 1956