31.1.26

MANUEL MALLO MALLO, el cantero gallego que hizo posible el bosque de piedra de la nave central de la Sagrada Familia de Barcelona.

MANUEL MALLO EN SU TALLER
Estos días, cuando la prensa mundial vuelve a mirar a la Sagrada Família como símbolo de una obra colectiva y contemporánea, conviene recordar algo esencial: las grandes arquitecturas no existen solo por la visión del autor, sino por la cadena humana que logra traducir esa visión a materia real.

En el corazón del templo —en ese bosque mineral de la nave central— hay un trabajo que no debería permanecer en segundo plano: el de Manuel Mallo Mallo, maestro cantero gallego.
Yo no hablo aquí por oídas. Tuve la suerte de contar con su amistad. Y desde esa cercanía entendí que su aportación no fue “un encargo más”, sino una forma de conocimiento extremadamente rara: la capacidad de llevar a piedra formas que, en su época, aún no podían resolverse con la comodidad del flujo digital que hoy damos por hecho.
Porque las columnas y capiteles de la nave central no son decoraciones. Son estructura, geometría y atmósfera a la vez. Hablamos de piezas complejas, inclinadas, estriadas, con desarrollos hiperbólicos y capiteles elipsoidales que se bifurcan como ramas. Hoy un ordenador lo dibuja, una máquina lo talla y un software lo verifica. Pero en aquellos años, el reto era otro: comprender la forma con la cabeza, resolverla con geometría y sacarla del bloque con oficio.

El taller de Manuel, en Begonte (Lugo), fue durante décadas una especie de laboratorio silencioso. Llegaban maquetas y referencias, y él hacía lo verdaderamente decisivo: traducir la idea al mundo físico mediante dibujos, trazados, plantillas, comprobaciones, correcciones…
Un tipo de “ingeniería de la piedra” donde el error no era un fallo: era una grieta irreversible.
Con el tiempo, la tecnología ha permitido reproducir cualquier superficie con enorme exactitud. Sin embargo, esa misma sofisticación pone en relieve algo que no deberíamos olvidar: sin el saber previo del oficio, la máquina solo ejecuta. La piedra no entiende de marketing ni de titulares; entiende de continuidad, de apoyo, de tensiones, de juntas, de dirección de veta, de lectura del bloque.

Por eso recuperar hoy el nombre de Manuel Mallo no es nostalgia. Es cultura arquitectónica. Es reconocer que Galicia, con su tradición canteril milenaria, está presente en una de las obras más admiradas del mundo, no como anécdota, sino como una de sus costillas esenciales.
Y, sobre todo, es una llamada de atención: si ese conocimiento no se transmite, se pierde. Lo que se extingue no es un “trabajo manual”, sino un tipo de inteligencia completa: ojo, mano, geometría, paciencia, ética.
Manuel Mallo Mallo fue —en el sentido más literal— un maestro cantero de la última gran catedral europea en construcción. Y creo que este es el momento de decirlo alto, con gratitud y con precisión.

© Carlos Sánchez-Montaña. 2025

VER: El cantero de "los pilares de la tierra"

No hay comentarios:

Publicar un comentario