2.3.26

O fío da Brétema


Autor: Carlos Sánchez-Montaña

O fío da Brétema é unha novela ensaística e iniciática en Galicia, onde a viaxe exterior é tamén unha viaxe de coñecemento, identidade e método.

Más información:
Iria, estudante de Historia, sente que o relato que lle ensinaron non encaixa co territorio que pisa. Entre a universidade, o arquivo, a cidade, o mercado e as casas abandonadas do rural, comeza unha epopea contemporánea guiada por unha pregunta esencial: que pasa cando o país real non coincide co país contado?
A través dunha serie de xanelas —cada unha un limiar, unha proba, unha revelación— Iria aprende a mirar Galicia como un texto estratificado: a lingua como herdanza viva, a terra como estrutura, a cidade como xeometría defensiva, a emigración como ferida recorrente, e a brétema non como ocultación, senón como ferramenta de lectura. Acompañada pola figura discreta de Breogán, sombra que abre portas sen impoñerse, Iria descobre que coñecer non é repetir, senón relacionar, medir, comprobar e asumir posición.
Este libro mestura narración literaria, reflexión histórica e mirada territorial para propoñer algo pouco habitual: unha epopea sen heroísmos grandilocuentes, onde o verdadeiro acto épico é aprender a ver. Galicia aparece aquí non como paisaxe decorativa nin como mito inmóbil, senón como país complexo, vivo e cheo de trazas que esperan ser lidas.
O fío da Brétema é unha historia sobre identidade sen consignas, sobre pensamento sen trincheiras e sobre a valentía tranquila de quen decide non aceptar relatos herdados sen contrastalos coa realidade.
Un libro para lectoras e lectores que senten que algo esencial segue aí, entre a néboa, agardando ser debuxado.


 

11.2.26

Neuroarquitectura, el nombre nuevo de una verdad antigua. (Vitruvio no ha muerto)

La llamada "neuroarquitectura" no es una moda: es la restitución del sentido original de la Arquitectura, tal como la definió Vitruvio y la iconizó Leonardo.


Las neuronas de nuestro cuerpo procesan la información del entorno que es percibida por nuestros sentidos (piel incluida), ajustando nuestra conducta

Nos dicen "neuroarquitectura" y parece que acabamos de descubrir América. Que por fin la ciencia —la neurología, los escáneres, la medición de estrés, la cognición espacial— viene a confirmar que los edificios influyen en el cerebro, en la emoción, en la memoria, en el comportamiento.

Y sí: lo confirma.

Pero conviene decirlo sin rodeos: eso no es una revolución nueva. Es, más bien, el regreso —tardío— a la definición original de la Arquitectura. La vuelta al oficio tal como lo entendieron los antiguos cuando el arquitecto no era un técnico del objeto, sino un artesano de la armonía.

Lo que hoy llamamos neuroarquitectura no es otra cosa que la Arquitectura en su sentido completo. La que Vitruvio describió hace dos mil años y que la academia moderna fue adelgazando hasta convertirla en un sinónimo de edificación.

Y esa confusión —edificio = arquitectura— es uno de los grandes empobrecimientos culturales de los últimos siglos.

EL ERROR: CONFUNDIR EL OBJETO CON LA FINALIDAD

Un edificio es un objeto. La Arquitectura es una finalidad.

Un edificio puede estar perfectamente resuelto: normativas, instalaciones, estructura, eficiencia, cumplimiento. Y aun así no producir Arquitectura. Del mismo modo que un conjunto de sonidos puede estar técnicamente bien emitido y aun así no ser música: puede ser ruido, saturación, violencia, fatiga.

La academia, con demasiada frecuencia, ha enseñado a fabricar objetos correctos y ha olvidado educar en la pregunta decisiva:

¿Qué provoca este espacio en el ser humano?

¿Ordena o desordena? ¿Serena o tensa? ¿Orienta o confunde? ¿Aísla o vincula? ¿Dignifica o reduce?

En ese punto nace la verdadera diferencia: Edificación: la parte. Arquitectura: el todo.

VITRUVIO YA LO DIJO: ARQUITECTURA ES SABER INTEGRADO

Vitruvio no presenta la arquitectura como una "estética del edificio". La presenta como un saber total, alimentado por muchas disciplinas, capaz de ordenar la materia para producir un efecto humano... y, en su fondo, armonía.

Para Vitruvio, el arquitecto debe entender: el lugar (vientos, humedades, clima, salubridad), el cuerpo (medida, proporción, fatiga, descanso), el sonido (acústica, resonancia, teatro), la geometría como ciencia de la forma, y la cultura como ciencia del sentido.

Es decir: el arquitecto no "hace edificios". compone condiciones de vida.

Eso es exactamente lo que hoy nos venden como neuroarquitectura: el reconocimiento de que el espacio no es neutro, que modela la mente, regula el sistema nervioso, predispone a la calma o al conflicto, sostiene o erosiona la salud.

La diferencia es que ahora lo presentamos con instrumentación moderna. Pero el principio es el mismo.

CEREBRO, CORAZÓN, INTESTINOS, OÍDO, VISTA Y PIEL SON UN SOLO SISTEMA

La experiencia lo ha sabido siempre. Y quien trabaja con sensibilidad lo reconoce sin necesidad de teoría: cuando un lugar es verdaderamente arquitectónico, pasa algo.

El cuerpo cambia.

La respiración se ensancha.

La mirada se posa.

El pensamiento se ordena.

El ánimo se reubica.

Lo que hoy se mide como estrés, atención, orientación o bienestar, el oficio lo ha percibido durante siglos como "atmósfera", "quietud", "dignidad", "presencia", "armonía".

Y aquí aparece una analogía esencial que la cultura entiende de forma inmediata:

La música es ciencia matemática de los sonidos (ritmo, intervalo, proporción).

La arquitectura es ciencia matemática de las figuras (módulo, relación, jerarquía, recorrido).

Ambas trabajan con proporciones. Ambas construyen un orden. Ambas actúan —de manera directa o indirecta— sobre el organismo.

Por eso es tan fácil aceptar la música como arte universal (todo el mundo reconoce lo musical y lo armónico) y tan difícil alcanzar Arquitectura verdadera (porque exige que el orden espacial sea total: técnico, cultural, sensorial y humano).

Del mismo modo que la mayoría de sonidos que recibimos no son música, la mayoría de edificios que se levantan no son Arquitectura.


LA GRAN PÉRDIDA: CUANDO EL MAESTRAJE DESAPARECE

Durante siglos, el saber arquitectónico se transmitió como un oficio completo: maestros y aprendices. No era solo "proyectar", era aprender a ver, a medir, a escuchar, a comprender el lugar, a manejar el umbral, la luz, el silencio, la proporción y el rito.

En algún momento, la institución sustituyó el todo por la parte: la arquitectura quedó reducida a "construcción", a "producto", a "sector", a "mercado", a "objeto normativo".

El resultado está a la vista: espacios que saturan, lugares que enferman, ciudades que fatigan, interiores que aíslan, ruido convertido en paisaje permanente, luz artificial como sustituto de cielo, edificios que no saben ser refugio ni escenario digno.

Y entonces aparece, décadas después, la "neuroarquitectura", como si hubiéramos descubierto que el ser humano tiene un sistema nervioso.

No: lo sabíamos. Lo que pasó es que se dejó de enseñar.

LEONARDO Y EL ICONO: EL CUERPO COMO MEDIDA DEL MUNDO

Leonardo da Vinci dibuja al hombre inscrito en el círculo y el cuadrado y convierte en imagen lo que Vitruvio ya había propuesto: el cuerpo como canon, como medida, como vínculo entre geometría y experiencia.

Ese dibujo se ha convertido en un símbolo cultural porque recuerda una verdad profunda: la forma no es capricho. La proporción no es decoración. El espacio no es neutral.

Cuando el espacio respeta el cuerpo, el cuerpo responde. Cuando el espacio contradice al cuerpo, el cuerpo paga.

Eso es lo que hoy se llama "diseño centrado en el usuario" o "evidencia de impacto en el cerebro".

Vitruvio lo llamaba, sencillamente, Arquitectura.


REIVINDICACIÓN: RECUPERAR EL ORIGEN DEL OFICIO

Reivindico el origen de mi oficio porque ha sido olvidado durante siglos y ahora regresa con otro nombre, como si fuera una novedad.

No quiero una arquitectura que sea solo edificación. Quiero una arquitectura que sea cuidado.

No quiero edificios que cumplan y agoten. Quiero espacios que ordenen.

No quiero ciudades que funcionen como máquinas de estrés. Quiero territorios que funcionen como ecosistemas de salud.

Y aquí hay una verdad incómoda: si hoy alguien explicase a Vitruvio en la plenitud de sus palabras, a menudo sería arrinconado por "idealista", por "poco práctico", por "demasiado humanista".

Pero lo que se llama "práctico" ha fabricado demasiados lugares que no sostienen la vida.

Y lo que se llama "humanista" es lo único que, al final, evita que la técnica se convierta en barbarie.

CONCLUSIÓN: NEUROARQUITECTURA ES ARQUITECTURA (Y PUNTO)

Bienvenida la ciencia, bienvenidas las mediciones, bienvenidos los estudios, bienvenido el lenguaje nuevo si sirve para convencer a quienes solo creen lo que aparece en un "paper".

Pero que quede claro: La neuroarquitectura no inventa nada esencial. Solo está devolviendo a la Arquitectura su definición original: la capacidad de organizar el medio para producir armonía en el ser humano.

Y eso —justamente eso— es lo que hay que recuperar. No como una moda. No como un "campo emergente". Sino como una restitución histórica del oficio: Arquitectura como arte mayor del cuidado.


© Carlos Sánchez-Montaña - 2026


VER: 
¿Qué es arquitectura?
Boceto para escépticos

31.1.26

MANUEL MALLO MALLO, el cantero gallego que hizo posible el bosque de piedra de la nave central de la Sagrada Familia de Barcelona.

MANUEL MALLO EN SU TALLER
Estos días, cuando la prensa mundial vuelve a mirar a la Sagrada Família como símbolo de una obra colectiva y contemporánea, conviene recordar algo esencial: las grandes arquitecturas no existen solo por la visión del autor, sino por la cadena humana que logra traducir esa visión a materia real.

En el corazón del templo —en ese bosque mineral de la nave central— hay un trabajo que no debería permanecer en segundo plano: el de Manuel Mallo Mallo, maestro cantero gallego.
Yo no hablo aquí por oídas. Tuve la suerte de contar con su amistad. Y desde esa cercanía entendí que su aportación no fue “un encargo más”, sino una forma de conocimiento extremadamente rara: la capacidad de llevar a piedra formas que, en su época, aún no podían resolverse con la comodidad del flujo digital que hoy damos por hecho.
Porque las columnas y capiteles de la nave central no son decoraciones. Son estructura, geometría y atmósfera a la vez. Hablamos de piezas complejas, inclinadas, estriadas, con desarrollos hiperbólicos y capiteles elipsoidales que se bifurcan como ramas. Hoy un ordenador lo dibuja, una máquina lo talla y un software lo verifica. Pero en aquellos años, el reto era otro: comprender la forma con la cabeza, resolverla con geometría y sacarla del bloque con oficio.

El taller de Manuel, en Begonte (Lugo), fue durante décadas una especie de laboratorio silencioso. Llegaban maquetas y referencias, y él hacía lo verdaderamente decisivo: traducir la idea al mundo físico mediante dibujos, trazados, plantillas, comprobaciones, correcciones…
Un tipo de “ingeniería de la piedra” donde el error no era un fallo: era una grieta irreversible.
Con el tiempo, la tecnología ha permitido reproducir cualquier superficie con enorme exactitud. Sin embargo, esa misma sofisticación pone en relieve algo que no deberíamos olvidar: sin el saber previo del oficio, la máquina solo ejecuta. La piedra no entiende de marketing ni de titulares; entiende de continuidad, de apoyo, de tensiones, de juntas, de dirección de veta, de lectura del bloque.

Por eso recuperar hoy el nombre de Manuel Mallo no es nostalgia. Es cultura arquitectónica. Es reconocer que Galicia, con su tradición canteril milenaria, está presente en una de las obras más admiradas del mundo, no como anécdota, sino como una de sus costillas esenciales.
Y, sobre todo, es una llamada de atención: si ese conocimiento no se transmite, se pierde. Lo que se extingue no es un “trabajo manual”, sino un tipo de inteligencia completa: ojo, mano, geometría, paciencia, ética.
Manuel Mallo Mallo fue —en el sentido más literal— un maestro cantero de la última gran catedral europea en construcción. Y creo que este es el momento de decirlo alto, con gratitud y con precisión.

© Carlos Sánchez-Montaña. 2025

VER: El cantero de "los pilares de la tierra"

28.12.25

Jesús Año 0. Una serie histórica (sin dogma).


¿Por qué Jesús nace, vive y muere hace dos mil años… y no en cualquier otro momento de la historia humana?

En Jesús Año 0 iremos abriendo, pieza a pieza, las razones históricas: imperio, política, religión, lenguaje, rutas, poder y propaganda.


Jesús Año 0.

Una serie histórica (sin dogma). 

Presentación:




Jesús Año 0.

Una serie histórica (sin dogma). 

Prefacio:




Jesús Año 0.

Una serie histórica (sin dogma). 

Capítulo 1. Nazaret de Galilea:




CANAL youtube:


www.youtube.com/@eltablerodepiedra





© Carlos Sánchez-Montaña 2025


 

11.12.25

Fundación de Lucus Augusti

Recreación de la fundación de Lucus Augusti (Lugo) por mandato de Octavio Augusto. 

"El Bosque Sagrado de Augusto"  Año 12 a.C.

Paulo Fabio Máximo recibió el mandato directo del emperador Octavio Augusto en fundar una nueva ciudad en el territorio de los Copori, recibiendo en Roma el proyecto y todas las instrucciones para su realización.

Paulo Fabio Máximo subió la colina siguiendo a su agrimensor, era verano y el día presumía iba a ser caluroso, al llegar a la cima volvió su mirada al camino recorrido y lo que vio le lleno de gozo, las vistas sobre el valle del río eran espléndidas, se divisaba en dirección oeste un vasto territorio de bosques de robles a lo largo de la ladera de la colina, la madera existente era suficiente para iniciar los primeros trabajos. En dirección contraria, hacia el este, el terreno era más pendiente hasta llegar al valle más cercano por el que transcurren varios regatos, afluentes del río principal del lado oeste.

El lugar escogido era el más alto de la colina cercana a la fuente de aguas termales descubierta en la orilla del río, y desde allí se podía divisar todo el entorno; al norte, por la cresta de la colina, se podía realizar con facilidad el acceso al territorio del norte, y por el sur, en suave pendiente se alcanzaba la confluencia de los ríos cercanos.

Pero antes de iniciar los trabajos de replanteo, Paulo Fabio Máximo tuvo que consultar los auspicios al objeto de asegurarse, mediante signos visibles, de que los dioses no se oponían al establecimiento de una ciudad en el lugar escogido. Los augures le confirmaron los bueno auspicios; en el mismo momento en que un correo de Roma trajo a la expedición la noticia del nombramiento de AUGUSTO como Pontífice Máximo de la religión en el imperio, dos rapaces sobrevolaban el bosque designado para fundar la nueva ciudad.

El agrimensor, un técnico de reputado prestigio en la milicia, había fijado la groma en el punto que sería el centro de la futura ciudad. "El instrumento poseía una mira que le permitió al amanecer haber fijado la salida del sol, lo que le proporcionó el oriente real en la fecha y así determinar la orientación del decumanus; luego pudo fácilmente trazar el cardo, perpendicular al decumanus en el punto central inicialmente fijado.

Sobre los ejes así obtenidos y mediante distancias iguales a partir del cruce se obtenía la superficie de la futura ciudad." Un cuadrado perfecto de 2.160 codos de lado.

Paulo Fabio Máximo "revestido con una toga dispuesta a la antigua usanza, cogió las estevas de un arado de bronce, tirado por una ternera y un toro blancos, y trazó un surco alrededor de la futura urbe, siguiendo la misma línea a lo largo de la cual habrían de levantarse las murallas. En el transcurso de la ceremonia el fundador procuró cuidadosamente que toda la tierra levantada por la reja cayese al interior del recinto, y tras él los asistentes recogieron los terrones que a veces saltaban fuera y los volvían a echar donde el rito establecía. Al llegar al sitio previsto para las puertas, el ejecutante levantaba el arado con el fin de dejar un espacio libre de toda consagración. Cuando el oficiante alcanzó el punto de partida, la ciudad quedó virtualmente fundada."

"El ritual de delimitación del territorio debería ser completado por otros dos, ambos ceremonias de consagración. Uno de ellos estaba dedicado a los dioses infernales. En un lugar situado en el centro de la futura ciudad se excava una fosa circular llamada mundus en la que eran depositadas ofrendas a "Los de Abajo". 

Y un último rito que tenía por objeto colocar a la ciudad futura bajo protección de los dioses de "Lo Alto", y singularmente de una tríada integrada por Júpiter, Juno y Minerva. En el futuro se construiría un templo llamado Capitolio, situado en la parte más alta de la ciudad, en la zona próxima al punto señalado por el agrimensor, desde donde los dioses podrían observar todo lo que iba a ocurrir en la futura urbe."


Según el rito fundacional la ciudad debería de contar con cuatro monolitos, cada uno erigido según los cuatro puntos cardinales y configurando el área urbana

V.C.A.M.

CAESARI

PAVLLVS FABIVS

MAXVMVS

LEGAT CAESARIS

"V(rbis) C(onditori) A(ugusto) M(omumentum) Caesari

Paullus Fabius Maxumus Legat(us) Caesaris"

Esta pieza es la más completa de las tres encontradas en la ciudad

Paulo Fabio Máximo, agradecido a César y satisfecho por la elección de un bosque tan bello para fundar la capital del convento, la consagró bajo quién le había dado orden de fundarla y con el nombre de BOSQUE SAGRADO DE AUGUSTO, y así poner a ésta bajo su protección. Todo lo que albergase los muros de la ciudad también sería consagrado a Augusto, dios protector de la gens imperial reinante. Era el año 12 a.C.

Así quedó escrito para los siglos venideros en los cuatro monolitos fundacionales de la nueva ciudad. Paulo Fabio Máximo, legado del César dedicaba la ciudad a Augusto su fundador y César de Roma.


Existe referencia de piezas de epigráficas que relacionan la ciudad con el emperador y su fundador. Son tres de los cuatro teóricos monolitos fundacionales erigidos por parte de Paulo Fabio Máximo encontrados en la ciudad de Lugo en que los que el fundador de la ciudad dedica esta a Augusto Cesar.

© Carlos Sánchez-Montaña 2007


Fuente bibliográfica: PIERRE GRIMAL "Les Villes Romaines" Vergara Editorial S.A. 1956



20.11.25

Aparece en Lugo la semilla del Románico Penínsular.

La reciente noticia sobre la iglesia de Santalla de Esperante, a escasos minutos de Lugo, confirma lo que muchos hemos defendido: la arquitectura medieval no puede entenderse sin la herencia material y simbólica del mundo romano.

SANTALLA DE ESPERANTE

La pieza publicada por La Voz de Galicia describe lo que las piedras ya cuentan por sí mismas:

Dos columnas corintias del siglo IV sosteniendo el arco del ábside.

Miliarios romanos convertidos en pila bautismal y pila de agua bendita.

Restos de un templo de planta de cruz griega, anterior a la iglesia románica y con ecos de Oriente.

Un arco de descarga en un muro tapiado, recurso puramente romano.


La conclusión es clara: el templo actual se levanta sobre cimientos romanos, reutilizando piezas cargadas de historia y prestigio.
Aquí está el punto clave: algunos interpretan la reutilización como signo de "baja calidad". Pero en la antigüedad, un capitel o una columna romana eran más valiosos que cualquier talla nueva. Reutilizar no era pobreza: era suntuosidad y continuidad.

SANTALLA DE ESPERANTE

El caso de Esperante se une a tantos otros donde los templos medievales nacen de estructuras romanas preexistentes: San Julián de los Prados en Oviedo, San Xiao en Lugo, San Julián do Camiño en Palas de Rei... El patrón se repite: el cristianismo reorienta el culto, cambia accesos y añade ábsides, pero mantiene las cimentaciones romanas y sus proporciones vitruvianas.

El elefante en la habitación es que, frente al relato que coloca todo el foco en Oviedo y en Alfonso II, la arqueología de Lugo vuelve a mostrar que Galicia fue un territorio central en la transformación del mundo romano al medieval.

SANTALLA DE ESPERANTE

Cada piedra de Esperante —ya sea columna, capitel o miliario— es un recordatorio de que el relato oficial, tantas veces reducido a periferia, debe abrirse a otra lectura: la continuidad de Roma en Galicia no es un detalle menor, sino la base sobre la que se levantó buena parte de nuestro patrimonio medieval.

Es necesario también recordar que es en el territorio lucense donde se forma como rey el príncipe Alfonso y que Santalla es el nombre gallego de la niña mártir Eulalia,  posteriormente patrona de Oviedo.

Alfonso II utilizó de modelo la Catedral de Lugo prerrománica para edificar la catedral de Oviedo y los edificios anexos.
Afonso II O Casto rei de Galicia que, como na misiva do 832 di "Ego Servus omnium Servorum Dei Adefonsus Rex Froilani Regis filius postquam auxiliante Deo Regni totius Galletiæ et seu Hispaniæ suscepi culmen [...] placuit animo meo ut solium Regni Oveto firmarem et ibi Ecclesiam construerem in honorem S. Salvatoris ad ipsius similitudinem Ecclesia S. Mariæ Lucensis Civitati" e que se traduziria como "Eu, Servo de todos os servos de Deus, Rei Afonso, filho do Rei Froila, depois de que, coa ajuda de Deus, tomei o cumio de todo o Reino de Galiza, e/ou/mesmo de Espanha [...] comprace-me establecer o trono do Reino em Oviedo e construir aló umha igreja em homra de S. Salvador a semelhança da igreja de S. María da cidade de Lugo"

El llamado prerromanico asturiano no deja de ser arquitectura de origen gallego.  Y ahora lo estamos descubriendo en los nuevos trabajos arqueológicos realizados en Lugo.

Alfonso II el Casto tomó la catedral de Lugo como modelo para edificar la catedral de Oviedo, basándose en la belleza y diseño del templo lucense prerrománico que existía en su época[3][5][7][9].

SAN SALVADOR Y SAN TIRSO DE OVIEDO

Inspiración arquitectónica
- La catedral de Lugo contaba en el siglo VIII con un edificio de gran belleza, restaurado por el obispo Odoario, que impresionó a Alfonso II el Casto, rey de Asturias[7][9].
- Un diploma del propio Alfonso II (año 832) evidencia que se inspiró en la catedral lucense para la construcción del complejo catedralicio de San Salvador en Oviedo[5][9].
- El conjunto de Oviedo incluyó una catedral doble, otros templos y dependencias, siguiendo esquemas similares de la Alta Edad Media, y utilizando elementos arquitectónicos como planta basilical, tres naves y cabecera triabsidal[3][2].
Referencias directas:
- Diversas fuentes históricas y artísticas confirman la relación directa entre ambos proyectos, aunque el edificio original de Lugo ha desaparecido y la actual catedral lucense es románica, construida siglos después[3][7].
- Esta relación ha hecho de Lugo un referente arquitectónico y espiritual para la región asturiana y para el Camino Primitivo de Santiago[9][3].

SAN TIRSO DE OVIEDO

Por tanto, la afirmación de que Alfonso II utilizó como modelo la catedral de Lugo para edificar la de Oviedo es respaldada por documentos y estudios historiográficos[5][7][3][9].


© Carlos Sánchez-Montaña 2025



Referencias:
[1] Catedral de Oviedo - Wikipedia, la enciclopedia libre https://es.wikipedia.org/wiki/Catedral_de_Oviedo
[2] CATEDRAL OVIEDO - Arteguias https://arteguias.com/catedral/oviedo.htm
[3] Catedral | lugo-monumental https://www.lugomonumental.org/catedraldelugo
[4] Capilla de Santa María del Rey Casto - Catedral de Oviedo https://catedraldeoviedo.com/conoce-cada-rincon/capillas/capilla-del-rey-casto/
[6] Los tesoros divinos de la Catedral de Oviedo: espinas de la corona ... https://www.elmundo.es/cultura/2023/08/16/64db5ca2fc6c839d228b457a.html
[8] El Templo - Catedral de Oviedo. Sancta Ovetensis https://catedraldeoviedo.com/conoce-cada-rincon/el-templo/

2.10.25

BRACARA AUGUSTA. La ciudad donde se abraza la piedra

En los archivos invisibles de Bracara, donde el barro guarda memoria y las raíces de los carballos rozan restos de mosaicos, hay una parábola sin fecha: la ciudad nació el día en que la piedra consintió ser abrazada.

Dicen que empezó junto al agua, en la pendiente donde canta la Fonte do Ídolo. Allí el rostro femenino —Nabia, quizá; o la Señora sin nombre que precede a los nombres— abría los ojos cada amanecer para ver a las mujeres llegar con jarros de barro. Ponían las manos sobre la losa húmeda, la ceñían con la palma, como se ciñe un niño contra el pecho, y murmuraban en la lengua antigua: “Que el agua me atraviese, que la piedra me sostenga”. El rito era sencillo y exacto: rodear para sostener, ceñir para elevar. Lo sabían las manos, no hacía falta escuela.

FUENTE DEL IDOLO - BRAGA

Desde ese brocal sagrado partía un sendero de vapor y granito que subía a la altura de los castros. En la Pedra Formosa, la piedra se hizo puerta y el cuerpo aprendía el estrecho. No era un paso: era una juntura. La piedra te recibía como una madre que sabe de pesos y de fiebres; un abrazo lento, caliente, mineral. Allí, desnudo de sobrantes, uno salía al otro lado con el pulso limpio. Lo llamaban balneario, pero era otra cosa: una pedagogía de respiración, un pacto de piel entre la tierra y la carne. Algunos aseguran que en el borde de la losa se oían burbujear nombres: Bracari, braga, abrazo—sonoridades que sólo se entienden cuando el aire en los pulmones se vuelve más pesado que el silencio.

PEDRA FORMOSA - BRAGA

Los romanos llegaron con su caligrafía recta y sus divisas fabricadas en bronce, y vieron que el rito encajaba en la razón de los imperios. No había que prohibirlo: bastaba con alojarlo. Trazaron foros, abrieron calzadas, y permitieron a la ciudad llamarse Bracara Augusta, como quien acepta que el hijo conserve el apellido de la madre. Nadie discutía el gesto: la piedra seguía recibiendo el abrazo, el agua seguía cantando bajo la piel, y los nombres —Nabia, Tongoenabiagus— aprendieron a convivir con los suyos.

Pasaron siglos. Las torres cambiaron de dueño y de forma, los estandartes olvidaron su viento, y la ciudad se hizo iglesia y campana. Braga, la de los arzobispos, sostuvo una trama de templos como quien extiende los dedos para tocar el aire. Pero los dedos, a veces, atraen rayos. Llegó desde el norte una ambición con capa de peregrino, una astucia con andares de corte: Compostela —recién nacida en el poder y ya vieja en el deseo— decidió que los bienes del vecino podían serle más propios que a nadie. Fue entonces cuando la historia adquirió el timbre de hierro de las crónicas: expediciones, reliquias transhumantes, custodias que cambian de manos. Los escribanos, que todo lo barnizan, lo llamaron pío latrocinio. En la plaza, sin latín, la gente lo nombró con verdad breve: expolio.

Dicen que en ese viaje no solo cruzaron huesos y cálices. Cruzó, también, una manera de tocar lo sagrado. En el equipaje secreto —nadie lo escribió— viajaba el gesto: ese rodear que consuela, ese ciñir que no asfixia, esa memoria del balneario y de la fuente. Compostela lo recibió, lo pulió con incienso y lo subió a los andamios del barroco. Dispuso una imagen de piedra —el apóstol sentado, grave y cercano— y le dio un trono de oros. Después ideó un camino por detrás, casi clandestino: un corredor para que el pueblo repitiera el acto primero, abrazar la piedra. El resto fue multitud.

ABRAZO EN COMPOSTELA

Desde entonces, cada día, miles de brazos se ciñen a la espalda del Apóstol. Alguien dirá que abrazan madera o plata sobredorada; los atentos saben que abrazan piedra, como en Bracara, como en la Pedra Formosa, como en la Fonte donde la Señora se miraba en el agua. Es el mismo verbo encarnado en distintos altares: rodear para sostener, ceñir para elevar. Cambia el santo, cambia la esquina del mundo, pero el gesto viene de lejos y no admite dueño.

A veces, en tardes de lluvia, un peregrino que no sabe de etimologías siente al apoyar la mejilla en la escápula del Apóstol un rumor hondo, como de corriente subterránea. No es el río Sar ni el murmullo de la nave: es Braga que respira en Compostela. Es la Fonte do Ídolo curvándose en el bronce del baldaquino; es la Pedra Formosa apretando el paso en el estrecho detrás del altar. Es la vieja promesa de la arquitectura: ninguna casa es firme si no fue abrazada en su primera piedra, ninguna ciudad es digna si no recuerda el lugar donde aprendió a rodear sin herir.

Porque el abrazo —este humilde arte de la braga y del brazo— no es una invención piadosa: es una tecnología del alma. Los canteros la conocen cuando ciñen con eslinga un sillar para izarlo sin daño; las mujeres de Briteiros la conocían al frotar la losa humedecida con agua fría; los monjes la transmutaron en liturgia para que no se perdiera en los pasillos del tiempo. Y aunque la Historia vista a veces el gesto con brocados ajenos, el cuerpo recuerda: cada abrazo al Apóstol es una cita con Bracara; cada roce en la cantera, una catequesis mineral; cada mano en la piedra, una continuación del mismo oficio.

Un día —así terminan estas parábolas— alguien devolverá a Braga una caja modesta. Dentro no habrá tibias ni cruces ni sellos. Habrá un papel con una sola línea: “La ciudad donde se abraza la piedra.”

Y no será una definición ni un título nobiliario. Será un recuerdo. Bastará con leerlo para que en la Rua do Raio vuelva a oler a agua nueva, para que la losa del balneario sude otra vez su vapor antiguo, para que en Compostela, al cerrar los ojos, cada peregrino entienda que el abrazo que ofrece al Apóstol viene de lejos y vuela de vuelta cada noche sobre los montes de Briteiros, como un lazo de cuerda que recuerda a todas las piedras —santas, fundacionales, humildes— que el mundo se sostiene gracias a aquello que se rodea sin romperse.

A PEDRA SANTA - ALLARIZ - OURENSE
P. D. Hoy el rito pervive en Santa Mariña de Augas Santas (Allariz): vecinos e visitantes “abrazan a Pedra Santa” —la tocan y la ciñen, pasan la mano por su cara húmeda y dejan flores o exvotos— pidiendo salud, fertilidad y protección. Un gesto vivo, en la romería y a lo largo del año.

© Carlos Sánchez-Montaña 2025